La nueva Claire (segunda parte)

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 Un millón de sonrisas alrededor y ella seguía quieta, impertérrita, observando los pequeños destellos de felicidad que ocurrían a cinco centímetros de su pecho, aparentemente sin corazón. Su vida en aquel momento podría reducirse al famoso cliché de "sentirse solo en medio de un montón de gente". Y no es porque no se alegrase de haber recibido la noticia, simplemente sabía que era una posibilidad, y precisamente por ello se había preparado para ella, había asimilado las novedades que traía consigo, y estaba contenta, sí, pero no sentía la necesidad de chillar, de reír tanto que los ojos se le cerrasen.
 Claire se había preocupado toda su vida, o, por lo menos, desde Ismael, de no cometer algún error fatal al dejarse llevar por sus emociones. Sabía que no siempre eran buenas consejeras, que era mucho más racional precisamente dejarse llevar por la razón. Fue justo en ese momento cuando se dio cuenta de que quizás tomar las decisiones más adecuadas no era siempre la mejor opción. Al verse quieta, forzando algún que otro gesto de aprecio hacia todos sus amigos y familiares, sintió el miedo nacer en ella. Su origen no era el de siempre, no temía ser traicionada, o que la criticasen a sus espaldas, ni siquiera que le engañasen una vez más; esta vez el miedo provenía del mismo vacío. No le gustaba no sentir nada, tenía miedo de no poder volver a emocionarse, de haberse visto demasiado inmersa en el proceso de construir su escudo a prueba del mundo entero que, en vez de dicho escudo, había acabado por levantar cuatro paredes indestructibles en torno a su menudo cuerpo.
 Así fue como la chica tomó una nueva decisión, y creó un nuevo capítulo en el manido libro de su vida. Claire se mudaba por las prácticas que le acababan de ser concedidas, pero su entorno no era lo único que iba a cambiar: iba a renovarse a sí misma, una vez más. No más sobreanalizar la situación, no más quedarse en casa porque al día siguiente tenía clase y no sabía si iba a poder llegar a tiempo y, desde luego, no más quedarse mirando desde una esquina a sus amigas pasándoselo bien mientras ella estaba más incómoda imposible. Iba a empezar a irse de las fiestas de las que se sentía ignorada y a ir a aquellas que le apeteciesen más que nada en el mundo, aunque tuviese que pasarse dos días sin dormir e inyectarse café para entender lo que el profesor estuviese explicando a la mañana siguiente. Quizás actuando por instinto en pequeñas situaciones Claire podría volver a calentar su corazón y saltar de alegría ante una buena noticia.

(hola si alguien se acuerda de Claire y ha leído esto bravo eres un tru fan bienvenido de nuevo y espero no haber empeorado durante mi ausencia en el mundo de la escritura chao)

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