Amanda

13:12

 Hija de la Luna y fugitiva del Sol, ciudadana de las sombras, siempre portadora de una chaqueta de cuero negra, esa era Amanda. Una incomprendida, una solitaria por gusto. La gente no se le acercaba por puro miedo, creían conocerla pero en realidad nadie sabía nada de ella, no asociaban su nombre a los cuchillos, a las puntas. A la sangre. Pero yo sí. Yo sabía quien era aunque ella no me conociera a mí. Sabía su secreto. Y sería mejor que permaneciera siendo un secreto.

 No le gustaban las mentiras, y tampoco el verano. Era una chica de nieve, siempre con un cigarro en la boca y el pelo a la altura de la mandíbula, moreno. Nacida en una época que no era la suya, Amanda respiraba vida y vivía sueños. Siempre fuera de lugar, se paseaba como si el mundo fuera suyo y, en cierto modo, lo era. Decían que no tenía corazón, pero yo la observaba cuando lloraba por los rincones, dejando recuerdos inconexos en las esquinas.
 Un día, me harté de esperar a que ella se me acercara y decidí darle conversación por mí misma. La mañana era húmeda y verde, la primavera estaba llegando a la ciudad y nadie tenía nada mejor que hacer que andar arrancando flores de los parques o pasear a sus perros. Amanda tenía un gato, que estaba con ella en ese mismo instante, acurrucado entre sus brazos, cubiertos de cuero. Tenía retazos de hojas verdes entre los cabellos y su piel parecía más etérea que nunca. Me recordó a las mujeres de los cuadros de Waterhouse: bella, serena, épica. Una ninfa color esperanza. Incluso su cazadora tenía un ligero matiz verdoso apenas apreciable.
-¡Hola! Bonito gato.
-Gracias.
 Así era ella: seca, sutil y siempre cortés si estaba de buen humor. Lo interpreté como una buena señal, ya que en uno de sus días malos bien podría haberme mandado a tomar por culo allí mismo, dejándome sola con mis pensamientos y mis arrepentidos y si...
-¿Tiene nombre?
-Creo que esto no es una película de Audrey Hepburn, así que no, no se llama Gato, por muy poético que a las niñas como tú os parezca.- Había visto Desayuno Con Diamantes unas cien veces y no me cansaba de esa película, pero ese es otro tema. Seguí intentándolo.
-¿Y cuál es? Su nombre, digo.
-Urano.
-Vaya, es un nombre original. ¿Te gusta la astronomía?
-La verdad es que no.-se dio la vuelta como si nuestra conversación no hubiese tenido lugar. Pero claro, ella no sabía lo que significaba para mí, no era más que una extraña curiosa, impertinente y quizás con un rostro algo familiar que le había cogido cariño a su gato, Urano. Interesante.
-¿Tu gato tiene historia?
-¿Historia? ¿Cómo cuándo se descubrió América? Dudo que los gatos…-ahí ya no aguanté más y le interrumpí. Era el momento de inventar algo.
-No, historia. ¿No sabes de lo que te hablo? Se dice que los gatos, en la Antigüedad, eran adorados por los egipcios, quienes creían que eran animales sagrados. Desde entonces, los gatos han ido adquiriendo un papel especial en las diferentes épocas de la vida humana. Hubo cierto momento en el que se creía que los gatos eran seres inmortales, que poseían siete vidas que podían usar a su antojo, bien como gatos, bien en forma humana. Había mujeres demasiado hermosas a las que quemaban en la hoguera solo por ser agraciadas, ya que pensaban que eran la versión en persona de alguno de aquellos malditos animales. Ahora bien, si seguimos esa línea de deducción de que los gatos sí tienen siete vidas, puede que el tuyo, Saturno, vaya por primera, tercera, cuarta o séptima vida, y haya visto como se colonizó América, como tú bien señalaste al principio. Así que, ¿tiene tu gato historia o es tan solo un gato?
 Le había dejado muda. Sin habla. Todo un logro. Amanda tenía la notable costumbre de hacerse siempre con la última palabra, así que nunca callaba sin decir todo lo que tenía para decir.
-¿Sigues ahí?
-Sí, sí,-se recompuso en un segundo. Sorprendente.-pero no creo que todas esas chorradas esotéricas sean ciertas, así que sería mejor que fueras con tus cuentos a otra parte. ¿No tienes hermanos pequeños a los que contárselos?
-Sí, pero tengo la costumbre de probar si mis historias surten efecto con gente de mentalidad inferior a la suya.-Golpe bajo.
-Mira, no he venido aquí para que una estúpida niñata me insulte, ¿está claro?
-Así que mientras no te insultes a ti misma todo irá bien, ¿no?
-Bueno, ya me he hartado, ¿qué tal si te pierdes y dejas de dar por culo un poquito, bonita?
-Pues la verdad es que me apetece seguir charlando contigo-cogí un banco y me senté a su lado en la barra-¿Sabes qué más dicen? Que puedes averiguar de qué época proviene tu gato según el color de sus ojos.-dicho esto me agaché y le arrebaté al pobre Venus, Mercurio o como fuera su nombre de entre sus garras pintadas de morado y me lo acerqué a la cara para examinarle los ojos, con aparente interés.
-Creo que sería mejor que me lo devolvieras, niña.
-Como veas.-y, recogiendo mis cosas, me marché de allí sin mirar atrás.


You Might Also Like

2 comentarios

  1. Amanda se parece a alguien que creo recordar, excepto por el gato que ha de faltar.
    Bonita fotografía y ni hablar del texto.
    ¿Por qué será que siempre me identifico con esta clase de relatos?

    +Soplidos y parpadeos de parte de S.

    ResponderEliminar
  2. Amanda es un personaje singular. Y estoy muy intrigada por la chica que le habla. ¿Que querrá de ella? ¿Porque la sigue? Me han quedado muchas dudas, espero que haya otra entrada con el desenlace de esta peculiar historia.
    A pesar de las dudas me ha encantado. Tu manera de que quiera seguir leyendo tus historias me encanta. Y la facilidad con la que se lee el texto es increíble.
    Ya me estoy poniendo manos a la obra con tu proyecto sonríe. Como ya te dije, va a ser muy grande.

    muchos besos (con sonrisas)

    ResponderEliminar