Nicotina.

11:57

 Las lágrimas caían, corrían por su rostro y no podía detenerlas. Huían de sus dedos, unidos a esas fuertes manos, todavía temblorosas por la emoción. Nunca le había visto así, la tristeza se inspiraba en el ambiente de la habitación. Lucas no podía dejar de llorar. Llorar ríos de emociones contenidas. Porque ya estaba harto de fingir que todo estaba bien. Que no le había afectado. Que pasaba de ella y del tío que se tiraba noche sí, noche no. Lo que daría por ser ese rubito de cresta, por recibir un poco de su amor, aunque ella no le merezca. Le comprendía, en cierto modo, yo ya había pasado por ello. Ismael, mi querido capullo ya caído en el olvido. Siempre sería un recuerdo no tan borroso como desearía. Las primeras veces que "cortamos" fueron, naturalmente, las más dolorosas. Seguía teniendo esperanzas en el. Luego se acostumbró a los bandazos que le daba la vida, a veces feliz y a veces miserable y ya todo fue mucho más fácil. Y eso era lo que intentaba explicarle a él.
-Sé que parece difícil, pero se te pasará.
-No... No lo entiendes... Ella era el amor de mi vida... Había suspirado por sus huesos más de dos años... Y ahora, todo a la mierda en seis meses...
-Quizás ahora deberías empezar a suspirar por la vida, no por una putilla despreciable.
-¡Claire!
-¿Qué? Ya no es tu novia, ¿no? Puedo decir lo que quiera de ella.-sonreí maleficamente. Sabía que me estaba pasando, pero quería acelerar las cosas porque los recuerdos se escapaban de su celda. Encendí un cigarro.
-Pásame uno.
-Lucas, tú no fumas. Es malo. Fumar mata.
-El amor mata. Y yo ya estoy muerto.
 Mierda. El cabrón me había dejado en mi sitio. Sabía que era menor de edad, que lo que estaba haciendo era "ilegal" y que no estaba bien, pero a mí hacía tiempo que ya no me importaba lo que era bueno o malo, así que le di un cigarrillo a Lucas. Claramente, era su primera vez y empezó a toser como un loco... Aprendices. Todavía con la vida por descubrir.
-No, mira, se hace así.-le enseñé a tragarse el humo y a echarlo luego sin que un ataque mortal de tos le matase antes que la nicotina.
 La tarde se acabó. Seguimos sentados en el banco, cada uno pensando en lo que había rasado nuestro corazón. Por suerte, nos teníamos el uno al otro para coser la herida. No estábamos solos.



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3 comentarios

  1. hermoso texto :)
    Un beso,

    http://pdepaty.blogspot.com.es

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  2. " El amor mata y yo ya estoy muerto" Precioso
    http://www.initopia.blogspot.com.es/

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  3. Dos almas solitarias están solas juntas.
    Ha sido un texto precioso a pesar de la tristeza.

    (besos con
    sonrisas)

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