Entre las sombras.

11:54

 La sombra de la traición acecha tras su espalda. Está nerviosa, cansada. Sabe que lo tiene detrás, que la está esperando, y también sabe el porqué. Sin embargo, en vez de lanzarse a los brazos del miedo, permanece fuerte, o eso quiere aparentar. Sus ojos recorren intranquilos la pared agrietada, los ladrillos que sobresalen. Se agacha, lentamente, para quitarse los zapatos de charol y luego las medias, de seda, muy caras. Resulta que están rotas. Otra razón más para que esté furioso. Pero aunque sienta el corazón saliéndose del pecho, no duda en seguir como si nada. Su cabeza está llena de pensamientos, a cada cual más destructivo, más cruel, más terrible. Para ella. Un día de estos, acabará muerta. No sabe si podrá seguir resistiendo mucho más. Los cardenales que tapa con maquillaje barato. El cojeo de su pierna izquierda al caminar, que disimula como puede. Las pupilas dilatadas. La próxima vez, quizás no resista. Esta vez, puede que no resista. 
 Ella se gira. Está dispuesta a acatar cualquier castigo que le imponga. Porque es su culpa. Siempre es culpa suya, es ella la que lo provoca. Él no tiene la culpa, se defiende como puede, le avisa, pero ella no reacciona. ¿Cómo puede ser tan tonta? Debería hacer algo, alejarse del mundo, esconderse, no salir a la luz. Es un monstruo. Nadie debería poder verla. Pero su corazón seguiría latiendo, sintiendo, anhelando una realidad que nunca tendría a su alcance.  Pero todo sería su culpa. No entiende como él sigue soportándola.
 Ve cómo se acerca, se lo toma con calma. Cierra los ojos. Espera el impacto, el dolor, que sabe que será aun más fuerte en la oscuridad. Pero se lo merece. Los cierra con más fuerza. Sabe lo que viene ahora... Pero el golpe no llega. Pestañeando, acostumbrándose a la luz que se cuela por la ventana que él acaba de abrir. Se le ve más delgado, más cansado que cuando le conoció. Sus pupilas no se han vuelto de fuego todavía. Unas profundas ojeras, moradas, surcan su piel pálida, fuera de lugar. Esas ojeras no deberían estar allí. Esas ojeras son culpa suya.
 -¿Qué nos ha pasado, Olivia?


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2 comentarios

  1. Tétrico. Echaba de menos los relatos así. Aunque si te fijas, enfrentas dos realidades: la de las medias, de seda, muy caras y el maquillaje barato xD
    Precioso, y la nueva apariencia de tu blog igual.
    Un bico, de eses que non queres che dean;)

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  2. Veo que sigues escribiendo...
    hace mucho que nos perdimos la pista, si es que todavía te acuerdas de mi jajajaaja
    Yo lo he vuelto a retomar hace poco, al final el cuerpo me lo pedía.
    Espero que te vaya todo bien C:
    Un beso.

    P.d: sigues escribiendo igual, incluso mejor que hace unos años. Increible chica!

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