Adelie y Elías (II)

8:02


“Dibuja en el aire una estrella. ¿Para qué? Para sonreír, dibujar, crear, soñar. Para ver las estrellas de los demás. Dibuja una estrella en el aire y que se grabe a fuego en el corazón de quien la vea. Que esa persona lleve escrito en la frente “soñador”, para que mire siempre hacia delante y nunca se rinda, para que sonría hasta en los días donde todo parece extraño y no hay nada a qué atenerse, para que baile bajo la lluvia entre un sinfín de arco iris, para que encuentre a la persona que vuelva su vida del revés. Dibuja una estrella en el aire para que todo el mundo tenga lo que se merece: los niños, sus muñecos, las niñas, sus coches, las mujeres su libertad, los hombres, sus sentimientos y la humanidad, sus sueños. Para que todo sea mejor y se luzca una gran sonrisa. Dibuja en el aire una estrella para no ser el único en la Tierra que piense que no pertenece a su planeta, que debería saber volar, que nadie puede comprenderle. Dibuja una estrella en el aire para que todos sepan lo que sientes y no haya lugar a dudas que conlleven palabras amargas.  Dibuja una estrella en el aire y que se convierta en estrella fugaz, para que sobrevuele tejados, ríos, mares, nubes y árboles, para que dé la vuelta al mundo si tú no puedes, para que te susurre al oído increíbles e incontables países. Dibuja en el aire una estrella para que te ayude a encontrar a las personitas que valen la pena y llenan  tu vida de locuras, gritos, carreras, bailes y momentos históricos.
Por eso, dibuja en el aire una estrella, y esa lucecita será tu guía, tu compañera y tu amiga.”
 Elías sonreía como cada vez que releía aquel papel escrito con una letra grande, picuda, ligeramente inclinada hacia la derecha. Había llegado volando, transformado en avión de papel hasta su pelo una noche años atrás. Una noche como esta, en la que se despediría de él. Aquellas palabras que habían calado en lo más hondo de su alma, que habían sido como una religión para Elías iban a ser destinadas a otra persona.
-¡Eli! ¿Qué haces aquí fuera?
Un suspiro escapó de lo más hondo del chico.
-Ya te he dicho que no me llames Eli.
-Pero es que es mucho más bonito que Elías.
 Esta vez, el joven no pudo más que sonreír. Su estrella siempre se le acercaba en esos momentos en los que se sentía diferente y le sacaba una sonrisa enorme, de esas que dejan marca y hacen doler las mejillas. Su estrella le guiaba por el camino correcto. Su estrella le enseñaba a distinguir de lo bueno, lo malo y de lo que venía disfrazado. Y esa noche en la que los árboles elevaban sus oscuras ramas hacia el cielo, su estrella llevaría el mensaje.
 Toc, toc, toc.
Tres toques en su ventana circular. “¿Quién será a estas horas?”, pensó. Allí, en el alféizar, solo encontró un papelito amarillento y doblado que crujió un poco al abrirlo. “Dibuja en el aire una estrella. ¿Para qué? Para…” Y las palabras fluyeron por la habitación de Adelie hasta que sonó el maldito despertador.


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2 comentarios

  1. "Dibuja en el aire una estrella para no ser el único en la Tierra que piense que no pertenece a su planeta, que debería saber volar, que nadie puede comprenderle."


    Me gusta Christine :)

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  2. Las estrellas me gustan, no sé porque pero parecen un símbolo de esperanza. Creo que nos gusta pensar que no somos raros, si acaso especiales, que alguien, aunque sea allá arriba puede comprenderte. Me gusta, me gusta:)
    Unbesito.

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