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 Y ahora os preguntaréis cuál era su don, ¿no? Pues bien, os lo diré. Más adelante. Empecemos por una descripción normal, como en todas las novelas. Aunque esta no es una cualquiera. Ni la novela ni la chica. Que va.
 Sapphire tenía el pelo castaño, castaño claro, como la corteza de un schinus molle, llamado vulgarmente  molle. Lo tenía largo, casi hasta la cintura, medio anaranjado y rizado en las puntas.
 Le gustaba su piel más que otra cosa de su cuerpo, pues no era ni pálida ni morena. Estaba justo en el medio, y eso le encantaba ya que así no la podrían etiquetar en ningún grupo. Se volvía rosácea con el frío. En verano se le llenaban de pecas las mejillas y los brazos al estar al Sol. Tenía un lunar secreto, en un sitio que no os voy a desvelar. Por eso adoraba su piel.
 Como no sé describir narices, simplemente diré que tenía una, allí, en medio de su ovalado rostro, encima de la boca de labios finos y casi nunca sonrientes.
  No era alta. No era delgada. No era baja ni gruesa. Estaba en ese nivel intermedio que le gustaba de sobremanera ya sabéis por qué.  Y si no lo sabéis, dejad de leer ya porque no os enteráis de nada, zopencos.
 Sus ojos eran lo que más odiaba (eso y lo de sus orejas, que preferiría que acabaran en punta). ¿Por qué? Porque eran bonitos. Poco comunes. Destacaban. Eran azules y, al momento, grises. Azules cuando estaba tranquila, cuando leía, cuando cogía su pincel mágico y coloreaba su nombre. Grises cuando gritaba, cuando veía el telediario, cuando le obligaban a hacer algo que no quería, cuando pintaba acuarelas de los árboles en invierno. La mayoría del tiempo se quedaban en un color intermedio y eso los hacía todavía más especiales. Sus ojos eran el espejo de su alma. Un espejo algo resquebrajado y antiguo, pero un espejo, al fin y al cabo.
 Y esta era Sapphire. Una chica sencilla, de ojos espectaculares, que se obsesionaba por no llamar la atención. Solía vestirse con vaqueros y alguna camisa de colores fuertes que le robaba de vez en cuando a su padre o que compraba en mercadillos. Su afición secreta eran los vestidos de vuelo. Le encantaban. Lisos, estampados, con lunares, a rayas… Todos.
 Ella era la chica apartada, marginada por voluntad propia. Ella era la fan número siete de Harry Potter. Ella era la chica de la trenza en espiga, la que leía hasta con nieve a su alrededor, la de la leche merengada, la de los mil cuadernos. Ella era compleja. Y por ello, nadie que no la conociera bien podría contar su historia.

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3 comentarios

  1. Impactante. Me ha encantado! y despues dices que yo escribo bien. Tus relatos no tienen precio. Son como los dinosaurios, por mas dinero que tengas no lo vas a comprar (dinosaurios por twitter, thank you very much)
    No pares de escribir o me muero, te lo dejoclaro.

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  2. Esa chica me cae bien :)
    Tu manera de escribir enamora, que lo sepas. ¿Has pensado en escribir un libro de cuentos infantiles? Yo una vez quise hacer uno para mis primos pequeños, pero lo acabé dejando, se llamaba "Erase una vez, antes de la historia".
    Eran como los orígenes de los cuentos populares xD


    Ayayay. Te lo vuelvo a decir: no me lo merezco. Este relato es increíble, y no lo voy a olvidar en mucho tiempo. Tampoco estoy segura de decirte en que cosas se parece esta chica en mí y en que no, porque me da miedo romper la magia de tu historia, y además, esta Sapphire vive en mi interior, y además ya lleva un pedacito de ti por darle vida en las letras.

    Un montón de besos, de estos que acompañan siempre a los abrazos :)

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  3. es genial.. tu manera de escrivir, me ecanta es muy peresonal, y es algo que yo almenos, valoro mucho a la hora de leer.
    besos.

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