Despegue.

12:15

 Ella estaba sentada. Quieta. Muy quieta. La hierba estaba quieta. Las hojas y las ramas de los árboles estaban quietas. Los coracoles estaban quietos. Las nubes, blancas y esponjosas como algodón, estaban quietas.
 De pronto, una brisilla azotó sus cabellos negros, largos, con flequillo. Sus ojos se cerraron, disfrutando. Una gran sonrisa cruzó su cara. Las mejillas se le colorearon. Su naricilla se movió para olisquear el aroma. Se levantó. Su camiseta color musgo, varias tallas más grandes de lo que correspondía, se agitó. Sus medias a rayas blancas y verdes se pegaron a sus delgadas y morenas piernas. Extendió los brazos, los abrió tanto como pudo. Los abrió tanto, tanto que creyó abarcar el mundo. Levantó la cabeza, mirando directamente hacia el lugar del que provenía el viento. Dejó que las alas que tenía sujetas a la espalda con gomas elástica se movieran. Y muy, muy, muy bajito, para que solo la oyeran los que quisieran oírla susurró:
-Tres, dos, uno. Despegue.

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1 comentarios

  1. Qué texto más tierno, como la foto :)
    Un beso enorme bonita, me ha encantado!

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